Hyuga Hinata…Hyuga Hinata…las palabras que se quedarían en la mente de Hidan por el resto de su vida hacían eco en la cueva mientras unos ojos blancos se movían cual un fantasma entre la oscuridad de las profundidades otorgadas por el refugio de piedra. Observaba cada detalle de la cueva, cada resquicio y grieta que era signo de que vidas pasadas habían habitado ese espacio dejando su marca como las huellas se dejan en el barro al pisar cuando llueve…El suelo era de piedra, apenas podía oír el caminar de la akatsuki mientras esta se acercaba suavemente y se iba distinguiendo una firme silueta a la luz de los leves rayos de sol que penetraban por la apertura mientras amanecía.
Hidan se hizo a un lado y avanzó lentamente hacia las profundidades de la cueva a la vez que Hianata iba caminando hacia la apertura de la puerta donde el se encontraba. No paraban de caminar y no cesaban en mirarse escrupulosamente, intentando adivinar lo más posible de su adversario, ya que el siguiente movimiento podría desembocar en una feróz batalla o en una fuerte y fructuosa amistad. Sus movimientos pasaron a ser circulares, posicionándose Hyuga en la parte más clara de el refugio de piedra, pudiéndose ver con claridad las nubes rojas que adornaban su capa, dándole un aire misterioso, que junto con el amplio sombrero, apenas se podía ver más que una pequeña porción de su rostro.
no pienso dar mi confianza a alguien que ni siquiera es capaz de mostrarme su cara (decía molesto y extrañado por no poder sacar nada en claro del rostro de la mujer que tenía delante, ya que sus ojos no mostraban expresividad alguna que le diese algún dato de valor).
Tienes razón Hidan…yo te conozco bastante bien… me he tomado la molestia de conseguir muchos datos sobre tu larga vida pasada, tus sufrimientos, tus pesares…por eso dejé que me encontraras y que llegases a esta cueva, y debido a eso estamos teniendo esta conversación.(Acto seguido deslizó su mano hacia su cabeza retirando el sombrero y dejando caer una larga y lustrosa melena negra, que contrastaba fuertemente con los ojos blancos y cristalinos, y con la capa de nubes rojas, dándole una belleza, nobleza y dulzura que pocas mujeres podían igualar, muy diferente al terror y misterio que hace tan solo unos instantes había mostrado sin reparo)
No tengo razón alguna para ocultar mi rostro, y tampoco para negarte mi confianza.
Una Mujer verdaderamente única…(pensaba Hidan mientras la observaba sin mudar el rostro para que no notase su sorpresa)…
Tengo la sensación de que vamos a conseguir grandes cosas juntos...( sus labios mostraron una pequeña sonrisa)
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